Parroquia El Paraíso se recupera de los bombardeos en el Oeste de Caracas

El Paraíso recupera su ritmo: La importancia de la serenidad en nuestra comunidad

EL PARAÍSO, Enero 10 (EPN).- Eran las 2:00 AM del pasado 3 de enero de 2026. Mientras la mayoría de los vecinos de nuestra parroquia descansaban tras las festividades de inicio de año, el silencio de la madrugada caraqueña se vio interrumpido. Un zumbido persistente en el cielo y el posterior despliegue preventivo de comandos de la Guardia Nacional (GNB) en las calles internas de El Paraíso marcaron una jornada de incertidumbre que, sin embargo, fue superada gracias a la madurez y la calma de nuestra comunidad.

Debido a nuestra cercanía estratégica con el centro de la ciudad, los protocolos de seguridad se activaron de inmediato en sectores como la Av. Páez, la Plaza Madariaga y El Torreón. A pesar de lo inusual de la hora y el movimiento militar, los habitantes de El Paraíso demostraron que la convivencia y el control ciudadano son nuestras mejores herramientas.

Voces de la madrugada: Seis relatos de calma

Recogimos las vivencias de distintos vecinos que, desde la intimidad de sus hogares, procesaron los eventos de aquella madrugada:

“Yo pensé que eran unos fuegos artificiales monstruosos. Pero mi mamá corría de cuarto en cuarto y despertó a toda mi familia y dijo: ¡Son bombas, son bombas! Ahí sí me asusté y dije para dentro de mi cabeza ‘esta no la cuento’. Menos mal que no nos alcanzaron”.

— Isa, 8 años, vive a 3 kilómetros de una comandancia de la GNB.

“El cielo empezó a sonar como si estuvieran rompiendo vidrios gigantes. Mi papá apagó todas las luces y nos puso debajo de la mesa. Yo pensaba que eran naves espaciales, pero mi papá me dio la mano y me dijo que respirara profundo, que estábamos seguros en casa. Eso me ayudó a no tener tanto miedo”.

— Mateo, 10 años, sector Plaza Madariaga.

“A esa hora el silencio de la avenida es total, por eso los motores se escuchaban tan fuertes. Me asomé por la cortina y vi las luces de las unidades. Lo que hice fue llamar a mi hija, le dije que no se asomara y que nos quedáramos en el pasillo. Rezamos un poco y esperamos. La calma de uno ayuda a que los demás no entren en pánico”.

— Doña Carmen, 72 años, sector Las Fuentes.

“Me había quedado despierto terminando unos inventarios cuando empezó el movimiento. Por la ventana vi pasar los comandos hacia el norte. Lo primero que hice fue asegurar bien el local y avisar por el grupo de comerciantes que todo se veía como un procedimiento de resguardo. No hubo necesidad de alarmarse, solo de estar atentos”.

— Carlos, 45 años, comerciante de la Av. Páez.

“A las 2 AM el teléfono empezó a vibrar con mensajes. En lugar de leer teorías raras, preferí escuchar el ambiente. Se oía el despliegue, pero no desorden. Entendí que era un protocolo por lo que estaba pasando en Miraflores. Me puse mis audífonos, escuché música relajante y decidí que lo mejor era descansar para estar lista al día siguiente”.

— Mariana, 22 años, vecina de la Av. Washington.

“Llamé a mi vecina Elena porque sé que le dan nervios los ruidos fuertes. Le dije: ‘Elena, quédate tranquila, son los muchachos de la Guardia patrullando la zona, es por seguridad’. Hablamos unos minutos de nuestros nietos y de los planes de la semana hasta que ella se calmó. Esa es la verdadera vecindad: cuidarnos el ánimo”.

— Sr. Humberto, 68 años, residente de El Torreón.


“Esa madrugada del 3 de enero el sonido fue distinto. No era el zumbido de los drones de días antes, sino un rugido de motores más pesado que venía desde el norte, hacia Miraflores. Yo estaba en el balcón y vi pasar las sombras de los helicópteros a lo lejos. Mi instinto fue entrar a la casa y cerrar las ventanas, pero no por miedo, sino para proteger la calma que habíamos construido esos días. Nos sentamos a esperar información oficial. Cuando supimos lo de la extracción, sentimos que el silencio que quedó en El Paraíso era el de una página de la historia dándose la vuelta”.

— Pedro, 52 años, vive en un piso alto con vista al centro.

“Vimos las luces hacia el centro de la ciudad y supimos que algo definitivo estaba pasando. En el grupo de la junta de condominio alguien puso: ‘Mantengan la calma, no salgan a las áreas comunes hasta saber más’. Fue el mejor consejo. Mientras las noticias confirmaban que Maduro ya no estaba en el país, aquí en nuestra calle los vecinos nos hacíamos señas de luz de ventana a ventana, como diciendo ‘estamos bien’.Nuestra parroquia se mantuvo unida y en paz. Fue una noche larga, pero nos preparamos un té y esperamos el amanecer con tranquilidad a pesar de no tener luz”.

— Lucía, 34 años, vecina cercana a la Av. Páez.


El Paraíso sigue adelante

Al amanecer de aquel 3 de enero, la normalidad regresó a nuestras calles. Los comercios abrieron, los vecinos salieron a sus labores y el despliegue militar fue disminuyendo paulatinamente.

Este evento nos deja una lección valiosa: vivir en una zona tan sensible requiere de una comunicación responsable. Desde El Paraíso Now, reafirmamos nuestro compromiso de informar con equilibrio, priorizando siempre la paz de nuestras familias y el respeto a la privacidad de cada vecino.

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